#Cuarentena

Pasion por la Reposteria


 Cuando nos encerraron en casa, encendimos el hor­no. Y convertimos la levadura Royal en el segundo pro­ducto en alcanzar categoría de meme.El papel higienico fue el primero.


“El confinamiento es un repliegue hacia la domes­ticidad: casa y compañía.La compañía no deja de venir de aquellos con los que partimos el pan. Y la casa es el lugar donde se do­mestica el fuego, el fuego que cuece el pan que partimos con los nuestros”,. Aunque llegados a este punto hay que distinguir entre los que aprovechan la cuarentena para hacer pan,  y los que hacen postres.


“El perfil del panadero y el del repostero no son exac­tamente iguales. El pan exige más técnica; el bizcochuelo es la primera clase de primero de primaria de la repos­tería. Cualquiera puede hacer una torta más o me­nos comestible siguiendo una receta, no necesitas ser especialmente hábil”,

La actividad repostera está siendo intensiva y mul­tigeneracional, aunque se dice que los milénicos son especialmente dados a la práctica de preparar pasteles para calmar la angustia. Cualquiera que haya hecho incluso unas sencillas magdalenas sabe que tamizar la harina, esperar a que la mantequilla se ablande hasta el punto de pomada y medir el azúcar son acciones que obligan a estar en el aquí y ahora, justo lo que recomiendan las terapias antiestrés.


En la pasion horneador de la cuarentena interviene la necesidad de llenar las horas —“hornear nos ayuda a volver a habitar el tiempo, y a hacerlo placentero” y la pulsión por compartir en redes un conteni­do doméstico que aporte algo de rédito..  Hacer repostería como manera de escapar de las obligaciones más urgentes, que no han desaparecido du­rante el confinamiento. Ya sea cumplir con el teletrabajo, pagar las cuentas o cocinar algo nutricionalmente virtuoso para la cena. 


 


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