Peru

Lima, la ciudad de los mil sabores


 

La reputación de Perú a nivel gastronómico dio un salto abismal en las últimas décadas, especialmente desde que el chef Gastón Acurio tuvo la idea de potenciar los sabores genuinos que consumia el pueblo con los toques gourmet que bien aprendió en su paso por España y su estrecha relación con un grande de la cocina como Ferran Adriá, chef creador del archiconocido restaurante El Bulli. Hoy pasear por Lima, su capital,  realmente es una fiesta de contrastes que dejan a cualquier comensal bien satisfecho. Comer en ciertos espacios como el restó La Mar de Acurio implica reservas y por supuesto contar con un considerable dinero, pero hay muchos otros establecimientos que han seguido esta línea y se puede decir que la buena comida está por todas partes. Sin entrar en detalles estrictamente turísticos, nuestro paso por la ciudad nos demostró que lo más bello para visitar, especialmente para sibaritas, son los barrios de Miraflores y de Barranco. El primero cuenta con la Av Larco que está minada de opciones que desde carteles en la calle ofrecen menúes a precio fijo con opciones de entradas y principales para elegir. Rondan en general entre los 10 y los 15 Soles, algo asi como 3 a 5 dólares. Donde uno mire hay lugares para comer, tal como ocurre en Buenos Aires. De nuestro paso sugerimos tres imperdibles a precios razonables. El primero es Mama Olla, muy cerca de  la Plaza Kennedy, que además de ofrecer una carta muy completa, los platos son abundantes, bien presentados y la amabilidad de los mozos completa el placer de sentarse en sus mesas, tanto en la vereda como en su calido interior. Imperdible la causa de langostinos que llega a la mesa en tamaño grande y muy estética. Muy cerca de ahí está la churrería Manolo. Ahí hay platos típicos y también una variedad importante de sandwiches que incluyen sus tradicionales preparaciones como el lomo salteado y el aji de gallina. Por supuesto, no hay que irse de ahí sin una bolsita de churros. Un poco caros, ya que cuestan 16 soles cada uno, pero están magistralmente hechos como en España.

En el shopping Larcomar, tal vez el más elegante de Miraflores, el patio de comidas es una fiesta. Hay muchas opciones de fast food, pero hay que detenerse en una de las tantas sucursales de Tanta, el restó más accesible de Acurio y que también está en Buenos Aires, en el Microcentro. Los platos son gigantes, deliciosos, estéticos y a precios muy competitivos. Nada descabellado. Y, para cerrar la noche con un delicioso postre y un rico capuccino, hay que mudarse a unos metros donde está La Bombonniere, un espacio onda francesa con todo tipo de dulces y con unos confortables sillones y encantadoras mesas que invitan a quedarse a disfrutar del dolce far niente.

Barranco, a unas 15 cuadras de Miraflores, es el barrio Bohemio, artístico y que tiene más vida nocturna. Los restaurantes del lugar son incontables, casi todos con comida típica, pero hay uno que lleva la delantera. Caminando por debajo del Puente de los Suspiros , por una romántica y tranquila callecita que dirige al Océano Pacífico, está el restaurante Javier que tiene una enorme convocatoria. Es grande, con mesas en sus dos terrazas. La carta es impresionante porque tiene platos peruanos e internacionales. Desfilan todo el tiempo ceviches, lomo salteado, platos a base de frutos de mar, causas, wantanes, pinchos, anticuchos, papas rellenas, papas a la huancaína, aji de gallina y, por supuesto, pesca del día, pastas y aves.

Una tentación para los porteños puede ser visitar la calle de las pizzas en el centro de Miraflores. Pero cuidado, este lugar conserva ese nombre, pero dejó de ser lo que fue hace 20 años cuando se despachaban pizzas de todo tipo, ahora estos restaurantes han mutado a la cocina en general y la clásica masa italiana prácticamente ya no existe.

El otro sitio que no hay que perderse es el Museo Larco. No sólo porque allí hay una impactante colección de piezas de cerámica, plata y oro de la etapa pre inca (también incas), sino porque  está deliciosamente pensado en su distribución y arquitectura. El camino de entrada nos recibe con flores de todos los colores que incluyen envidiables orquídeas y, hacia el final del recorrido, junto a la sala de piezas eróticas, se encuentra un restaurante construido como un jardín de invierno ambientado con fabulosos helechos. Decorado con velas y con una carta exquisita, es una parada que no hay que perderse, tanto para cenar como para hacer un stop y deleitarse con un capuccino o un café Irlandés acompañado por sus deliciosas tortas y postres. Nuestra incursión nos condujo directo a la mousse de maracuyá y fue una decisión más que acertada por lo bien que estaba realizado y  presentado el plato en porcelana inglesa. Un deleite.

Por último, un curioso gastronómico no puede pasar por alto los mercados. Lima tiene varios, donde la gente en general se abastece de los alimentos básicos. Los que visitamos (Mercado 1 de Surquillo) además de especias, infusiones, coca en todas sus variantes, panes, quesos y carnes, cuentan con una envidiable cantidad de puestos de productos orgánicos que tienen frutas, verduras, miel, polen, encurtidos y dulces. Todo libre de agroquímicos. 

Llaman mucho la atención la cantidad de verduras japonesas-chinas que hay, evidentemente por la gran inmigración que han tenido de estos países asiáticos, y también el tesoro americano: sus más de 200 variedades de papas que usan magistralmente para las preparaciones que mejor va cada una. 

En una segunda etapa les contaremos más recorrido gastronómico en Perú, que incluye Cuzco y Machu Picchu.

 



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