Barcelona

La joya de Cataluña


                                                                                                                      

Por Andy Eco

Es casi imposible mencionar a Barcelona y no asociarla con el fútbol. La camiseta azul y rojo se convirtió en la gran embajadora, pero la mega urbe catalana, de 1,6 millones de habitantes, cuenta con el Barca y mucho más. Es un destino con una fuerte identidad que se refleja en el uso de su propio idioma (los niños en la escuela estudian y hablan catalán); en el orgullo que se percibe por sus artistas y arquitectos célebres como Gaudí, Dalí o Bofill  y en una cocina que entrecruza como pocas los sabores de mar y tierra. 


Para entender un poco más hay que saber que el catalán es el resultado de sucesivas invasiones: fenicios, árabes y romanos y su independencia política data del siglo XVIII (cuando ya tenia instituciones propias) y desde 1931 cuentan con la Generalit o Generalidad que elige a su propio presidente o Ejecutivo regional. Para ellos ser catalán es un orgullo que se manifiesta en ciertas expresiones populares como: “somos más europeos que españoles”. Lo cierto es que esto también se evidencia en su cocina que, aunque tiene muchos guiños de platos mundialmente conocidos como españoles tales como arroces (en casi todos lados hay paellas) y tapeo, cuenta con ciertos emblemas gastronómicos muy propios de la región. La Rambla es quizás la zona donde mejor se puede palpar esta impronta. Sus bares ofrecen cartas muy surtidas, especialmente con tragos y cocteleria para hacer una parada obligada y descansar un rato, pero allí se encuentran sin excepción los típicos platos catalanes como el pan con tomate (que se acompaña con fuet o salchichón), la escalibada (salteado de ají, berenjenas, cebolla, tomates y anchoas), la butifarra con mongetes (salchichas con porotos) el arroz negro y, por supuesto, la crema catalana, un postre de aspecto semejante a la crème brulée francesa.

 

Allí, en medio del bullicio, decenas de puestos de souvenirs y mesas en la vereda se encuentra el Mercado de La Boqueria. Lugar de culto para los barceloneses que buscan alimentos frescos y de calidad, es casi el paraíso para cualquier turista ávido por conocer costumbres y alimentos típicos ¿Frutas? Las que quieran, incluyendo caribeñas y asiáticas, pero el atractivo supremo es la forma en que se disponen en las góndolas formando un arcoiris delicioso que obliga indefectiblemente a probar. También hay pescadería, muchos puestos de jamones ibéricos de alta calidad, aceitunas, chacinados, chocolates y, como no podía faltar (al estilo del Mercado San Miguel en Madrid) hay barras y barcitos para sentarse y comer en medio de cientos de personas  que circulan. Uno de los que más convocan es  Kiosko Universal donde si o si hay que probar los camarones, los calamares y el modo en que preparan los hongos ¡Fabuloso!


Esta posición autónoma  de los catalanes se percibe al caminar por sus calles y los barrios que la componen integran un puzzle de piezas bien diferentes pero que, ensambladas, dan un resultado final maravilloso. Los barrios son casi tan inabarcables como encantadores. Por eso conviene tomarlo con calma, hacer lentos los pasos, abrir bien los ojos y estar atento a las posibilidades que se presentan a cada paso, especialmente para probar, degustar y comer bien rico. Por sólo mencionar los que convocan más turistas no podemos de dejar de destacar el Barrio Gótico repleto de barcitos donde el rey es el Jamón serrano, en sandwiches y cucuruchos y, por supuesto,  el tapeo con tomate, huevo, anchoas, sardinas, ajies, pepinos, pulpo, calamares y mil delicias más, especialmente del mar. Allí no hay dieta que valga porque el pan está presente en todas las tentaciones. Y no está mal entregarse a esas harinas por un rato porque son sencillamente deliciosas. Una vez terminada la recorrida por este lugar tan concurrido, el cuerpo y la mente piden a gritos un remanso tranquilo. Entonces conviene entrar al Hotel 1898, que se encuentra a pasos de allí y subir a la terraza. La sorpresa y lo que se ve dejan boquiabierto, precisamente porque tiene una de las vistas más bellas de Barcelona y, tanto de día como de noche permite contemplar exultantes edificios emblemáticos como La Sagrada Familia, el Monte Montjui con la construcción del ingeniero Santiago Calatrava y el Palacio del Museo de Arte de Catalunya. Como todo bar su carta de tragos y cocktails es amplia, pero sugiero una copa de Cava (espumante propio de la región) con algún picoteo de frutos de mar. 

 
Tanto al mediodía como a la tardecita los mostradores de los bares se tiñen de colores y buenos aromas. Es la hora del tapeo o after office y la costumbre, así como en la zona vasca, es salir de ronda y comer un poquito acá y otro poquito allá. Con cerveza o sidra, por supuesto. Muy cerca de Casa Milá (La Pedrera) hay un bar súper recomendable. Es de origen vasco y se llama Txapella en Euskera. La lista de tapas es inmensa y aunque no es nada barato (cada tapa está entre 3 y 6 Euros) están tan bien hechas que uno logra olvidarse del precio por un rato. Hay de tortilla, de jamón ibérico, de huevo y caviar, zucchini con salsa de albahaca, atún, pulpo, boquerones con aceitunas, jamón con huevo frito…y así muchos más. 

Existe otro polo comercial y gastronómico que no hay que perderse, Frente a la Plaza Spanya y al pie del Monte Montjui, donde está el Museo de Arte de Catalunya, se encuentra La Arena. El atractivo shopping que se abrió en lo que alguna vez fue la plaza de toros y conservando la fachada original. Las corridas se realizaron hasta 1977, luego quedó abandonado hasta el 2000 y en 2011 renació como el Ave Fénix de entre sus cenizas brindando un polo muy singular y energético a la ciudad y una satisfacción enorme para los defensores de los animales que gracias a una lucha de décadas, en 2010 lograron por ley la prohibición de la tauromaquia. Hoy esa historia de sangre y sufrimiento fue definitivamente borrada por mega locales de ropa, un museo del rock y una terraza magnífica repleta de restaurantes de muy buen gusto. Se puede visitar todo el día, pero sin dudarlo la mejor hora es el atardecer y la hora de la cena ya que ofrece una vista estupenda de la ciudad y sus luminarias y muchos de estos espacios son realmente maravillosos para veladas románticas.  

En cuanto a bares para pasarla bien y degustar más tapeo o cocina decontractée  muy sabrosa, sugerimos Bar Lobo, Balvedere y Mirablau. Todos ofrecen buen ambiente, comida sencilla pero sabrosísima y los precios son moderados. 

¿Qué más ver? Barcelona te mantiene los ojos bien abiertos, pero sin dudas, además de un buen tour gastronómico, no podés perderte las otras edificaciones de Gaudí. Además de La Sagrada Familia, Casa Milá (La Pedrera) vale la pena. Casa Batllo y por supuesto el Parque Guell al cual hay que dedicarle algunas horas de lleno. 

Por último, en las afueras, a unos 20 kilómetros se encuentra el Monasterio de Montserrat.

Su gran atractivo que convoca mucho peregrinaje es la Virgen negra situada por encima del altar principal. Además del paseo religioso, el lugar cuenta con tres hermosos restaurantes, uno buffette y dos más formales. Sin dudas el más bello es Abat Cisneros es sin dudas el más bello y con mejor servicio con platos típicos catalanes, mariscos, carnes y opciones internacionales, para que nadie se quede sin comer lo que le gusta.  El restaurante se encuentra dentro de un edificio que solía ser los establos del monasterio en el siglo XVI. Una de las características más atractivas del restaurante es su techo de arco de piedra. Y como plus, todo el camino de ascenso al monasterio está regado por puestos de productores locales que ofrecen miel, dulces, pastelería y quesos artesanales a muy buen precio y de sabores increíbles que, si el presupuesto es limitado, bien permiten improvisar un sabroso y particular picnic en cualesquiera de los espacios verdes que rodean al monasterio.                                                                                                                        


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