Nueva York

Crónica de una ciudad "power"



Por Andy Eco


Un paseo por Nueva York nos permitió conocer nuevas opciones gastronómicas y acercarnos a algunos lugares clásicos para comprobar su servicio y calidad. Como era de esperar, no defraudan en esta ciudad que año tras años se torna más gourmand.



Ya no recuerdo con exactitud cuántas veces visité Nueva York. Nueve, diez, o tal vez más. Lo que si tengo presente es que siempre me parece inabarcable. Aunque los edificios emblemáticos están en su lugar y algunos locales clásicos mantienen su impronta, la oferta visual y de espectáculo se renueva y, lo más interesante para los que amamos la buena mesa, es que la variedad gastronómica se multiplica de manera inusual y el paladar jamás se aburre. En Manhattan, especialmente en los circuitos turísticos, se puede comer cualquier cocina a “piacere”. Sencillamente hay de todo. Desde fastfood, pizzas al paso, cocina rápida y abundante (como la que se sirve en BBQ Dallas, el bullicioso local de Times Square donde pasan a velocidad decenas de platos con costillas de cerdo y pollo frito coronados por kilos de papas fritas), las cadenas Fridays y Wendys con sus clásicos menúes estilo norteamericano con papas y coleslow, hasta las más saludables como Pret á Manger (con sus sándwiches de pavo orgánico sin antibióticos y vegetales también orgánicos), o bien los locales de Fresh&Co donde las estrellas son las ensaladas, todas verdes, o con agregados de huevo, atún, jamón, pollo grillado, pavo o carne de vaca, y los wraps. Según el paladar y el presupuesto uno puede armar su propia ruta. Programar las reservas por Internet (algo que resulta muy cómodo) o elegir al paso según el barrio donde nos asalte el apetito. Algo escondido para el ojo del caminante, está el restaurante Haven Rooftop. Se trata de un mini restó ubicado en el piso 10 del Sanctuary Hotel sobre la calle 47 y a metros del bullicioso Broadway. Con grandes ventanales que ofrecen una energizante vista hacia los altos edificios que lo rodean y con una terraza que es una delicia en primavera y verano este espacio-con pequeñas mesas y sillas de madera plegables y con una deco en la que predomina el rojo y las lucecitas en techo y arcos- sirve una variedad de pastas y pan de pizza muy bien lograda. Desde la versión simple de spaghetti con tomate y albahaca hasta una suculenta receta con mejillones, ajo, langostinos y mucho aceite de oliva. La crème brulée de bananas no hay que perdérsela ya que sus cocineros ponen especial énfasis en lograrla de manera que uno quiera repetir la experiencia. Pasar por este sencillo pero acogedor resto-bar demanda entre 100 y 150 dolares por pareja, con copas de vino, agua y café. 

 

Elecciones más selectas

Si las visitas al Central Park se limitaron siempre al paseo en mateos, la pista de patinaje o el zoológico, vale incluir en la próxima estadia una cena o almuerzo en Tavern on the Green. El servicio es impecable y los precios muy razonables para como se esmeran en atendernos. Dos personas, con copas de vino y postre pueden gastar entre 120 y 200 dólares con propina incluida. Sin excepción, los mozos ofrecen de entrada alguna sopa del día que suelen prepararlas de zanahoria y jengibre, de arvejas, consomé o de espárragos a la crema. Un detalle no menor es la música. Nada de electrónica ni instrumental. Por lo general recurren a clásicos de los 70 y los 80 por lo cual los que pasaron los 30 o los 40 se sienten realmente a gusto en un ambiente muy familiar. Su carta no es muy amplia, pero tiene suficientes opciones para una comida ligera o más abundante. El salmón está en todas sus versiones: grillado, gravlax y hasta en una interminable hamburguesa con cilantro que le da un toque poco usual para nuestro paladar, pero muy grato de saborear. Cuenta con una barra de recepción para arrancar la velada con un trago, dos salones vidriados con vista al gran parque y una terraza con mini livings de la cual uno nunca tiene deseos de partir. El plus simpático es que su gran conexión con el verde obsequia una vista privilegiada de los árboles añosos y de las curiosas ardillas que saltan desinhibidas entre rocas, canteros y algún que otro mueble porque, en definitiva, ellas son las dueñas de casa.

 

Del otro lado del puente de Brooklyn, en Dumbo precisamente, proliferan los barcitos, las pizzerías (en algunas siempre hay filas de espera) que rinden honor a los orígenes del barrio con inmigrantes italianos, a las casas de decoración y, por supuesto, a los exclusivos restaurantes. The River Café es uno de los más conocidos y solicitados. En ciertas épocas del año, las reservas obligan a anticiparse hasta tres meses para lograr una mesa. Se sabe que el gran secreto de su éxito es la ubicación privilegiada porque obsequia la mejor (sin dudarlo) vista nocturna de Manhattan. El interrogante está en la comida ¿Realmente es tan espectacular como deja imaginar el precio de los platos? Debo confesar que no me desilusionó. Por el contrario. El servicio es cinco estrellas verdaderas, los mozos no descuidan ni un detalle, las copas jamás quedan vacías y dominan casi todos los idiomas por lo cual uno puede relajarse y ordenar en la propia lengua. El menú consta de tres pasos (entrada, principal y postre) y cada ítem tiene al menos 5 opciones para elegir. Por supuesto la velada se inaugura con un servicio de panes deliciosos con especias, nueces y otros ingredientes gustosos. Hay entradas con vieiras, cangrejo, ostras, salmón, caviar y carne de wagyu, así como elaborados como pato con manzanas y miel, pollo orgánico con flan de maíz, corte de carne de vaca con mermelada de hongos al Pinot Noir y langosta con raviol de alcauciles. Un servicio de caviar del Mar Caspio y carrito con quesos franceses tal como se acostumbra en el país galo. La carta de vinos es apabullante. Tiene etiquetas de todo el mundo, muchos de Napa y Sonoma más accesibles, pero también otros del Viejo Mundo que pueden llegar a costar hasta 5 o 7 mil dólares la botella. Es realmente un lugar exclusivo en el cual con una botella modesta y propina incluida es imposible bajar la cuenta de los 500 dólares, pero bien vale la pena pagarlos para vivir una vez una experiencia sublime. 


A la hora de los dulces

Nueva York también es muy generosa en cuestiones de pasteleria. En cada barrio brinda algún cafecito que invita  a hacer una pausa. Archi conocida gracias a Carrie Bradshow en Sex&the City, Magnolia es un referente siempre con cupcakes deliciosos y con la mejor crema de manteca. Dean de Luca, sigue  desde el Soho logrando buenos resultados visuales con su carrot cake y la torta Red Velvet, pero debo advertir que en esta última oportunidad la calidad decayó, y mucho. Las tortas resultaron secas y casi sin sabor. Todo lo contrario a la frescura y sabores genuinos que ofrece Paris Baguette. Así es, además de comer estos panes largos con el relleno que se nos ocurra (muy solicitado el de Brie y rùcula o los Caprese) tiene unos escaparates con masas de hojaldre que bien vale romper la dieta por ellos. El pan au chocolat, casi igual a los de Parìs. Y sus tortas no engañan. Son tan deliciosas como bellas. Con terminaciones increíbles y mucha, pero muchas frutas, entre ellas las de bosque. Por último, si uno busca un café para sentarse y pasar una tarde entre chocolates, aromas extasiantes y música clásica, no hay que dejar de vivitar Café Sabarsky. La genuina pastelería vienesa tienta desde sus exhibidores y por supuesto la torta biscuit de chocolate y el strudel de manzanas caliente con bocha de crema son dos que nadie debería perderse. 

 

Económico y pleno de sabor

Comida hindú abunda en cada barrio, pero hay un restó en East Village que además de contar con todos los platos típicos de India, tiene una decoración multicolor, con un techo repleto de lucecitas y un clima divertido y a la vez intimista que desde su fachada actúa como imán para entrar y sentarse a la mesa sin apuros. Panna II Garden rinde culto a la cocina de esta parte de Asia y tiene todos los platos típicos: Bhuna (pasta de especias frita en aceite), Kurma, Tandoori (mezcla de especias tipo Masala), Dupiaza, Biryani y platos con Curry de los que se pida. Pollo, langosta, cordero, vaca, langostinos, escalopes y vegetales con esta especia típica preparados de manera deliciosa. 

En cualesquiera de sus barrios, sin necesidad de quedarnos en Hell's Kitchen (el barrio gastronómico por excelencia) Nueva York jamás nos deja con apetito y año tras año evidencia más el giro que dio hace dos décadas: su marcada tendencia a la calidad y lo gourmet. 


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