Vinos de guarda

Cata de grandes vinos de Bodega Bianchi




 La pregunta es casi inevitable frente a un gran vino ¿Cuánto se puede guardar? Antes de arriesgar una respuesta conviene saber que cuando la bodega o el enólogo deciden ponerlo a la venta, significa que ya está listo para tomar. De todas maneras existen muchos que, por sus cortes y especialmente por la gran calidad de las uvas, resisten de maravillas el paso del tiempo. Es más, algunos mejoran en complejidad y ofrecen en la cata notas evolucionadas que pueden deleitar a quien busca experiencias diferentes. No hay una regla fija, la decisión de guarda o no depende del gusto del consumidor y por supuesto de la calidad de las uvas con que se elaboran.

Con el propósito de comprobar la excelencia de sus uvas y del potencial del terroir de San Rafael, Bodega Bianchi hace muy pocos días realizó una cata entre profesionales del vino en la cual descorchó algunas de sus perlitas más preciadas. Entre ellos Bianchi Particular 2005 y 2007. El primero mantuvo sus notas violáceas con un reflejo apenas rojizo y en nariz se captó de inmediato notas de ciruela pasa y algunas de nuez que marcan la evolución. Al abrirse surgieron claramente algunas notas herbáceas y de pimienta y cierta mineralidad bien acompañada por una acidez sorprendente. El 2007 en cambio, no presentó tanta complejidad en nariz  pero sí mucha frescura en boca. 

Otros vinos compartidos fueron Enzo 2001 (cuya base es el Cabernet Sauvignon de suelos pedregosos) con taninos que llenan la boca, pero muy amables. A la vista resultó de color rojo cereza y presentó una complejidad increíble que explota en boca y demuestra que las uvas con las que fue hecho son excepcionales. Enzo 2003, por su parte, resultó espectacular a la cata con fruta madura en boca y nariz y una vivacidad sorprendente. 

Pero sin dudarlo, la gran sorpresa del encuentro fue el Bianchi Cabernet Sauvignon 1987. Este vino fue envasado en una gran botella de casi dos litros ya que de esta manera, al haber mayor volumen, la oxigenación es menor y colabora en la conservación de un gran producto. La cata fue un auténtico placer ya que a pesar de tener 30 años denotó una frescura increíble con notas típicas como el eucaliptus que nunca se aplacaron. Al mismo tiempo en naríz se pudo catar una nota muy típica a regaliz y unos taninos vivaces con una largo final de boca.

Apreciar estos grandes vinos después de años de envasados demuestran que ciertas cepas como el Cabernet Sauvignon se llevan bien con el paso del tiempo, pero sin dudarlo su vivacidad y complejidad aromática están ligados de manera indiscutida al suelo propicio que les da origen. 


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