La Toscana-ITALIA

La ruta del Chianti


Por Andy Eco


En el corazón de La Toscana se encuentra uno de los lugares más bellos y ricos de Italia: la región del Chianti. Allí, además de poder probar platos típicos como se elaboraban hace cientos de años, están parte de los mejores vinos de este país. Montalcino, Montepulciano y San Gimignano completan una experiencia inolvidable que seguro uno querrá repetir.


Deprimida tras un fracaso amoroso, una escritora norteamericana (interpretada por Diane Lane) viaja a La Toscana para mejorar su estado anímico y recomenzar una nueva vida. El filme Bajo el sol de La Toscana fue mundialmente conocido gracias a la genial interpretación de la actriz, por tener un mensaje muy femenino de esperanza y, por sobre todo, por los increíbles paisajes, postales y riqueza cultural que se muestran a lo largo del guión. Lo cierto es que Hollywood no tuvo que inventar ninguna escenografía. Esta maravillosa región de Italia tiene todos los condimentos necesarios para recrear un escenario optimista y gratificante para los sentidos y también para hacer que el turista se sienta por unos días en un pedacito de Edén. Los cocineros más experimentados no dudan en afirmar que en La Toscana están los mejores quesos, los mejores aceites y también parte de los mejores vinos que se pueden degustar en el mundo.

La capital de esta región es Florencia.
Sin dudas la ciudad más conocida y popular. Visitada por oleadas de turistas cada año, especialmente todo lo que rodea al palacio y museo Uffizi que alberga una de las mayores colecciones de arte del mundo. Le siguen en popularidad otras como Siena, Pisa, Arezzo, Livorno y Volterna que también ostentan plástica y esculturas, edificaciones centenarias dignas de visitar y encantadoras calles minadas de cientos de bares y restaurantes donde las pastas, la pizza y los calzzones son vedettes. 

Ahora bien, si el turista tiene inquietudes vitivinícolas y quiere adentrarse en el apasionante mundo del Chianti, debe dirigirse al sur ( 50 km de Florencia) Como primera medida conviene alquilar un auto y estar dispuesto a hacer varios kms en caminos ondulantes que suben y bajan. Por supuesto, también se puede llegar en tren o en bus, pero perderá parte del encanto. El plus valor de manejar, además de llegar a la cuna de vinos imperdibles son las vistas que obsequian los campos verdes, prolijamente sembrados y delimitados, poblados por bosques de robles, castaños y acacias y salpicados por algunas edificaciones medievales que obligan a hacer un alto para resguardar la postal para la posteridad. Sin dudas, la puerta de entrada al corazón del Chianti es Greve in Chianti. Allí hay pequeños restaurantes donde degustar la mejor cocina toscana hasta tiendas de regalos alusivos al vino y vinotecas en las que desfilan etiquetas nuevas y clásicas. 




El recorrido, que toma no menos de uno o dos dìas para poder pasear, comer rico y aprender a maridar con los vinos de la región, obliga a pernoctar cerca para luego tomar impulso y seguir esta ruta del vino. Castellina in Chianti es otro paraje muy pintoresco que también alberga sobre su calle principal vinotecas y restaurantes, con el plus de contar con maravillosos hoteles de nivel internacional, como por ejemplo Villa Casalecchi construido en una casona centenaria, con grandes aberturas, muebles señoriales de madera oscura, jardines, espacios para cenar al aire libre, tranquilidad impagable y una decoración propia de La Toscana.


¿Qué se puede comer?

Nuestros ancestros italianos nos han dejado una gran cultura de pastas y arroces, pero en el lugar de origen se pueden pedir platos típicos sin modificaciones. Las Crostini di fegatini (tostadas de hígado) son un clásico que se realiza con hígado de pollo, manteca, alcaparras, anchoas y cebolla.  Le siguen en el ranking los Pappardelle al pomodoro, la Minestra al caldo nero, el Bistec a la florentina (demasiado jugoso para el gusto nuestro)  y la Ripollita (puré de repollo con porotos de La Toscana). También la Tagliatta a la rúcula, que son finas láminas de carne de vaca con rúcula, parmesano y oliva. El postre indiscutido son los cantucci que se encuentran en todo bar o restaurante que suele maridarse con un buen vin santo (hecho con uvas pasificadas) de la región.





Como es de imaginarse, los caminos que conectan estos pueblos están minados de un lado al otro de viñedos, tan prolijamente plantados y cuidados que por momentos confunden al ojo y parecen pinturas. Pero no es así. De allí se obtienen estos maravillosos vinos que se elaboran bajo DOC (Denominación de Origen Controlada) y bajo cientos de etiquetas. Gallo nero es sinónimo de calidad Premium. 

El chianti hasta los 60`era un vino flojo o de mesa. En los 80 tuvo su gran reconversión. De todos modos su primera delimitación de terroir data de 1716 y la primera DOC es de 1966. Con todos sus matices, es un vino hecho con la cepa Sangiovese, de color rojizo violáceo, con notas en nariz de cereza amarga y según la región aporta violetas y especias. La DOC más difundida es el Chianti Classico y en segundo lugar en Chianti Rufina (más al norte). Las familias tradicionales que aún persisten son Antinori y Frescobaldi, pero hay más: Ruffino, Castellare di Castellina, Ricasoli, Castello di Fonterutoli y Fontodi pueden tomarse como referencia para elegir una botella para probar o llevar a casa. Completan esta ruta otras dos comunas: Radda in Chianti y Pazano in Chianti.

Si esta región no fue suficiente para saciar la curiosidad y el deseo de degustar una cepa emblemática de Italia, hay una buena noticia. Hay mucho más para conocer y seguir gratificándose.

Un poco más al sur hacia Orvieto se encuentra Montalcino. Su vino más conocido y emblema es el Brunello de Montalcino. Las calles de esta comuna de impronta medieval y cuyo primer registro en mapa data del año 800 se erigen en una pequeña colina a 500 msnm y desafian al visitante a perderse en encantadores recovecos. A cada paso aparecen seductoras decenas de vinotecas e invitan a pasar y sumergirse en los taninos de este vino. Modernísimas, cuentan con dispensers que funcionan con tarjetas magnéticas. El degustador elige la añada o etiqueta que desea probar (los precios por copa oscilan entre los 3 y los 50 Euros) y el monto se va cargando automáticamente. Cuando uno desea finalizar la cata, retira la tarjeta, abona en caja y si se lleva alguno de los vinos probados, se descuenta el valor del costo de la degustación. 

El Brunello es un clon de la cepa Sangiovese y sale a la venta luego de 3 años y medio en barrica y un año más para el reserva. Es fuerte, carnoso, oscuro y envejece muy bien en botella. Por lo cual no hay que temer a la guarda. 


COMUNA 13

Otra comuna de 13 mil habitantes es Montepulciano que entre sus atractivos cuenta con la Iglesia de San Biagio y un descomuncal Palazzo comunale.  Elabora vinos de gran reputación entre ellos el Vino Nobile de Montepulciano que se cultiva en un suelo arcilloso arenoso y se hace con la cepa Prugnolo (clon también de Sangiovese). Algo más austero y suave que los otros, en algunos casos se hace un corte con Canaiolo y pasa 2 años en barrica. Su versión más ligera que sale a la venta rápido es el Rosso de Motepulciano, rosado joven y fresco para maridar también con pastas ligeras.

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Ahora bien, si uno siente fascinación por las edificaciones medievales, por los pueblos que nos transportan en el tiempo y se presentan en el siglo XXI  como detenidos siglos atrás, seguramente se sentirá flasheado por la magia de San Gimignano (Oeste hacia Livorno). Tal novela de época, al caminar por sus empinadas calles uno no puede evitar pensar en caballeros medievales que galopaban por esos caminos testigos de la historia. Allí, como sucede en toda Italia en temporada media o alta, hay cientos de turistas por todas partes. Por eso conviene andar sin prisa para no perderse nada a causa de la multitud. Uno de sus grandes atractivos gastronómicos es la Gelateria Dondoli, que fue galardonada en 2006/7/8/9 como Gelato World Champion y en 2016, mejor maestro heladero. En sus exhibidores frente a la piazza principal están a la vista las increíbles cremas que si o si hay que probar, pero también contemplar la decoración que está hecha con flores y con torneados de las frutas con que está logrado el helado. 

 

Ahora bien, si uno siente fascinación por las edificaciones medievales, por los pueblos que nos transportan en el tiempo y se presentan en el siglo XXI  como detenidos siglos atrás, seguramente se sentirá flasheado por la magia de San Gimignano (Oeste hacia Livorno). Tal novela de época, al caminar por sus empinadas calles uno no puede evitar pensar en caballeros medievales que galopaban por esos caminos testigos de la historia. Allí, como sucede en toda Italia en temporada media o alta, hay cientos de turistas por todas partes. Por eso conviene andar sin prisa para no perderse nada a causa de la multitud. Uno de sus grandes atractivos gastronómicos es la Gelateria Dondoli, que fue galardonada en 2006/7/8/9 como Gelato World Champion y en 2016, mejor maestro heladero. En sus exhibidores frente a la piazza principal están a la vista las increíbles cremas que si o si hay que probar, pero también contemplar la decoración que está hecha con flores y con torneados de las frutas con que está logrado el helado. 

En sus vinotecas hay lo que se busque de la Toscana y una vedette que es el Vernaccia di San Gimignano: un vino blanco cuyo origen se remonta a la época de los etruscos y ya en el Renacimiento era evaluado como uno de los más finos de Italia. 

¿Qué otras delicias? Imperdibles las queserías. El queso que acapara toda la atención es el Pecorino que aparece a la Grappa, con hierbas y especias. Es un queso de oveja, de sabor fuerte, pero muy particular. Usado para gratinar, comer en tablas o en pastas. 

Quesos: http://www.mundoquesos.com/search/label/Italia

Los golosos también tienen su recompensa. Se trata del Panforte que se exhibe en casi todas las vidrieras. Algo empalagoso para muchos, igualmente hay que probarlo simple o con chocolate. Es un dulce con fruta y frutos secos que se hace con azúcar y miel, proveniente de Siena. Ya en el siglo XII lo elaboraban los monjes en monasterios y hay registros de que también lo llevaban en sus travesías los Cruzados. 

Hoy, casi mil años después se sigue elaborando igual y es un clásico más que enriquece esta ruta vitivinícola y gastronómica que es puro placer. Por todo esto y mucho más La Toscana es el destino ideal para amantes de paisajes, vinos y buena comida. 


 


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